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Hacerme mi fular, ¿puedo?

Hacerme mi fular, ¿puedo?

A menudo leo o escucho esta pregunta.

Sobre todo de personas que quieren adentrarse en el mundo del porteo con muchas dudas.

Especialmente acerca de si el fular será lo mejor para ellos.

Y si en todo caso la conclusión es “negativa”, no desean (pueden, quieren) invertir mucho dinero en averiguarlo.

Estas prácticas con muy comunes en América Latina, donde el porteo ergónomico, tal y como lo conocemos hoy en día, es un territorio bastante inexplorado. Existe muy poca orientación directa sobre el tema. Los resultados son, entre otros, recomendaciones incorrectas e intentos bastante desafortunados de comercializar “marcas” de portabebés que no cumplen con ciertos estándares de calidad.

Así, si un portabebé en cuestión falla al momento de ser usado en la vida “real” más allá de las fotos de promoción, ese desprestigio a los ojos del público lamentablemente se extiende al porteo en general y afecta a todas las personas que trabajamos por difundirlo correctamente.

Cuando tengo la oportunidad de aconsejar a las familias sobre esto, casi invariablemente les digo que no se puede realizar un juicio y posterior veredicto sobre algún producto, basándose en una imitación muchas veces bastante desacertada del artículo que se quiere probar.

Vayamos por partes.

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Existen muchísimos sistemas de porteo.

Desde las rudimentarias telas, trozos de piel y cestas de civilizaciones “poco” desarrolladas, hasta las “modernísimas” mochilas portabebés de hoy en día (sí, las colgonas por desgracia van incluidas, todavía no estamos limitándonos al concepto de porteo ergonómico). Por ende, así como hay diferentes sistemas, existen diferentes formatos. El fular es tan sólo uno de ellos.

Si aun sabiéndolo, ya te han asesorado y-o ya has decidido probar con el fular, pues debes saber que el diseño de este portabebés parte de ciertos principios en cuanto a los materiales empleados, la forma de tejerlos, la elasticidad y resistencia, dimensiones y otras características.

Por lo que

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NO “cualquier tela” es idónea para convertirse en fular.

Me explico. Un fular es como una especie de turbante que puede medir desde el largo de una bufanda generosa hasta unos 5 ó 6 metros de largo, con un mínimo de ancho, y se usa bajo ciertos cánones de anudado.

Y esos nudos, para que se adapten de una manera ergonómica y confortable al cuerpo del bebé y porteador, tal como una segunda piel, necesitan que la tela cumpla con ciertas características de elasticidad, soporte y agarre, como decíamos.

¿Has sentido por ejemplo la sensación de resbalarte de un asiento de cuero porque estás usando un pantalón de gabardina? ¿Te atreverías a subirte y dormir en una hamaca confeccionada con tela de lycra? Pues eso.

Así que, después de todo es preferible portear con un pareo firme o una sábana, cuyas dimensiones se pueden adaptar casi instintivamente al arte de cargar peso, porteando con un estilo “a la africana” o a la cadera tipo “Rebozo simple“. Es decir, portear de manera tradicional.

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Porteando a la africana con un tejido wax.

Porteando a la africana con un tejido wax.

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Existen dos tipos de fulares.

Los elásticos, suaves, amigables con los papás más temerosos. Por lo general funcionan como una especie de “introducción” al mundo del porteo. Su uso tiende a ser limitado porque después de cierto peso y cuando el niño gana cierta movilidad ya no es tan cómodo.

Y los tejidos, que podrían ser llamados los fulares “de verdad, verdad”. Son los que poseen la versatilidad y resistencia para todas las etapas, según su composición y los nudos que se usen.

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Así, pues,

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¿Puedo fabricarme mi propio fular?

Partiendo de esto, desde mi punto de vista considero considero totalmente desaconsejable fabricarse un fular con “cualquier tela” comercial.

  • En primer lugar, porque nunca sabremos la idoneidad de la misma para resistir peso y tensión.
  • Segundo porque, irónicamente, muchas veces sale más costoso comprar metros y metros para confeccionar un fular sin sacrificar dimensiones que comprar uno económico (hacerlos más angostos de lo razonable para poder “economizar” tela, es contraproducente pues no aportaría la cobertura necesaria, hacer varias piezas y coserlas entre ellas es muy peligroso pues pueden ceder ante la tensión).
  • Tercero, porque hay fulares con grandes prestaciones a precios muy competitivos. Como en todo, existen gamas de portabebés. Sólo es buscar la mejor relación calidad-precio acorde con las posibilidades económicas de cada quién. Además hay marcas muy económicas que no tienen mucho que envidiarle a las más lujosas al menos en lo que a funcionalidad y estética se refiere.

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Por último si estás decidida/o a arriesgarte para experimentar anudados y manejo de un fular, procura buscar telas cuya elasticidad sea en diagonal y no exagerada, que faciliten la transpiración y cuyos tintes no sean tóxicos (esto ya es difícil averiguarlo siempre).

En todo caso habrás de tener en cuenta en todo momento que el confort, versatilidad y seguridad pueden ser mucho mayores del que estés experimentando en ese momento.

Sobre todo porque el porteo es una experiencia única que deja huella toda la vida.

Después de todo, estás llevando contigo a lo más preciado: tu bebé.

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  • Atribución de imagen destacada: Por Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga) (Trabajo propio) [CC BY-SA 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)].
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