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La alfombra mágica (Parte II)

La alfombra mágica (Parte II)

El bebé lloraba apenas lo colocaba en la mochila.

Y ahí estaba, el sentimiento de culpabilidad, más la constante recriminación de “los otros”.

Porque eso me pasaba por “sobre-protectora”.

Por no usar el coche carísimo, por mi “incapacidad de hacer las cosas bien”, por mi ignorancia de “todo”.

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Dejé de usar la mochila. El niño empeoró.

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Por aquel entonces empezaban los primeros síntomas de una enfermedad que le diagnosticarían unos 3 años mas tarde (acidosis tubular renal). Tenía mucho reflujo y lloraba todo el rato.

Pero para el mundo (o más bien para quienes me rodeaban, con excepción de mi familia) lo que pasaba es que yo había “malcriado al niño y era una irresponsable”. 

Debido a todas las tensiones y conflictos que surgieron por esto (en realidad fue más bien el detonante), varias veces me vi en la calle.

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Y toqué fondo.

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En medio de la desesperación y sensación constante de alerta ante los peligros de estar en la calle (en Venezuela lamentablemente hay mucha inseguridad), no sabía cómo llevar al niño de una manera segura, abrigada  y sin soltar todo el equipaje.

Fue cuando empecé a “improvisar”.

Observaba a las guajiras (wayuu), las fotos de las peruanas y las chinas. Me embelesaba con las gorilas y las monas de los zoológicos.

Empecé por inercia a llevar al niño encajado en la cadera. Lo mejor es que me di cuenta que amamantar así era bastante fácil.

Un día tenía que bajar unas escaleras súper pronunciadas y derrumbadas en los laterales. Me daba pánico hacerlo con el niño cargado en cuna o en mi hombro, por si resbalaba.

Lo puse en mi cadera y pasé una bufanda por su culito y mi cuello, atando en la espalda. Había descubierto, sin saberlo, el porteo asimétrico tradicional. Poco a poco empecé a experimentar con sábanas, pareos, cinturones.

 

Porteo a la cadera

Experimenté portear de muchas maneras con todo tipo de sábanas

 

Casualmente por ese entonces pude regresar al lugar donde vivía. Pero me sentía diferente. Una luz nueva brillaba entre mis inseguridades.

Nunca más, nadie volvería a hacerme dudar.

Al menos en eso.

¿Quién diría que portear significaría algo tan poderoso en mi vida como para ayudarme a salir del oscuro lugar de la violencia doméstica, de donde tristemente muy pocas mujeres regresan?

Navegando por la web fue cuando descubrí que no iba tan desencaminada en lo que hoy conocemos como porteo ergonómico.

Y que tuvimos ese fatal desenlace con la mochila que me regalaron porque simple y sencillamente era una “colgona”.

Aunque siempre le estaré agradecida a mi amiga de la universidad, porque usarla en nuestro caso, fue la puerta al porteo.

 

Caminar porteando por los pasillos de la universidad era lo mejor del mundo

Caminar porteando por los pasillos de la universidad era lo mejor del mundo

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Y desde entonces ha llovido muchísimo, empecé a usar portabebés “de verdad, verdad”, conociendo en el camino a muchísima gente maravillosa, muchas de ellas grandes amigas y comadres en la actualidad.

Portear me permitió en aquel entonces, criar a mi hijo cerquita de mí, sin dejar de estudiar.

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Estudiar y criat

Tal vez no es la mejor foto, pero es mi pequeña muestra de que estudiar y criar en brazos SÍ fue posible.

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Incluso  me dio posibilidades de emprendimiento profesional y económico.

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porteo doble

Aquí, siendo madre reciente por segunda vez, comenzaba mis primeras prácticas en la formación de Asesoras De Monitos y Risas.

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El porteo nos ha salvado hasta de situaciones extremas, como un intento de secuestro (de mi hijo mayor) y nos ha facilitado la huída en espacios de conflictos civiles y políticos, donde cada segundo o la agilidad para desplazarse podían significar la vida o la muerte.

Y recientemente fue la clave para poder soportar días enteros haciendo fila para tratar de comprar alimentos escasos.

 

Hoy en día con mi pequeño bodoque de aquel entonces, convertido en un hombrecito de 6 años y una hijita “toddler” de casi 3, puedo decir que hemos disfrutado muchísimo, llevando-nos, abrazando-nos y nutriendo-nos. 

 

 

Definitivamente no me canso de afirmar que el porteo es y significará siempre, nuestra alfombra mágica. Nos salvó, nos sostuvo y nos sigue llevando.

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Comentarios

  1. […] un post anterior, contaba un poco acerca de mi experiencia siendo madre cuando aún estaba en la […]

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