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Mamá y la caja de Pandora. Por M.Kruchik.

Mamá y la caja de Pandora. Por M.Kruchik.

Estoy muy contenta y orgullosa de presentarte el primer artículo de la que espero sea una larga y fructífera serie. Hace unos días invité a Mauricio Kruchik a escribir en mi blog acerca de Reflexología y Salud, y aceptó.

Mauricio es muy conocido entre los reflexólogos, pero para quien no está en ese mundillo, os diré que  es Reflexólogo, Doula y Educador PerinatalProfesor de Reflexología y conferenciante a nivel internacional. Uno de los más influyentes referentes de la actualidad a nivel mundial. Además, es autor de los libros “Analyzing Personality Patterns Through the Feet” y  “Reflexology for Cancer Patients”, además de múltiples artículos en diversos medios.

“Peazo” de fichaje que he hecho ;-). No me enrollo más, este es el artículo:

Mamá y la caja de Pandora.

Mamáaaa!! Me duele la barriga!!

Bastaban estas 5 palabras y sus correspondientes signos de exclamación para desencadenar
todo un revuelo interminable y un régimen casi militar de disciplina pseudo gastronómica
e hiper medicamentosa. Primero, las infaltables gotas de Paratropina, luego, urgente fijar
una cita en la mutua con el médico de turno. Más tarde, el consabido cambio de menú, el
certificado de ausencia para la escuela y sentirme observado y sobreprotegido como en una
unidad de cuidados intensivos, sólo que en casa y con comida muuuy aburrida.

Esto fue en mi niñez, allí por los años 60. Aunque lo que menos importa ahora es la época,
ya que aún hoy hay padres que se alarman ante cada pequeña cosa y se zambullen en un
remolino de medicina que es como un barril sin fondo… Hoy, habiendo criado dos niños
sanos que ya son adolescentes y que han visitado el consultorio del médico en muy pocas
ocasiones en sus vidas sólo para cosas puntuales, me formulo algunas preguntas: era
realmente para tanto? Cuál es la diferencia entre entonces y ahora? Cuál fue la diferencia de
actitud entre mis padres y yo como padre?

La diferencia fundamental radica en la actitud y en ella no juzgo ni critico a mis padres
ni digo que la nuestra haya sido mejor. En la actitud de mis padres, todo se basaba en la
responsabilidad de un médico que por naturaleza sabe más que uno y por ello es capaz
de indicar, guiar y recetar el mejor tratamiento. Para eso ha estudiado y por ello hay que
confiar en él.

Pero mi actitud como padre se ha basado en dos premisas fundamentales: en el
conocimiento de nuestro cuerpo y en su reconocimiento como una enorme farmacia que
dispone de todas las sustancias para curarse a sí mismo. Así de simple. Cada vez que uno de
mis hijos aparece con dolor de barriga o de cabeza, les invito a descansar y si es necesario,
en caso extremo, a no ir al cole ese día. Eso sí, cuidando que descansen y se alimenten
correctamente y en algunos casos, hablando con ellos para intentar entender si han estado
somatizando alguna emoción. Y ahí llegamos a la Caja de Pandora.

Cajas de Pandora en esta casa han habido por decenas. Dramas, tragedias y comedias de sus
vidas y sus influencias en su diario vivir. Piensa: si es normal en ti que eres un adulto, por
qué no habría de serlo para los niños? No somatizas tú todo lo que te pasa en tu vida diaria
y un día te levantas con un dolor de cabeza épico que no sabes de dónde te ha salido? Y
cuál piensas que será la respuesta del médico cuando le preguntes?: por lo general te dirá….
Tienes paracetamol en casa? A lo que tú piensas (y no respondes): No, tengo un marido.
Tengo facturas. Tengo un jefe que no lo soporto.

Todo esto en su debida escala es normal en niños y su adaptación a un medio ambiente
exigente, al encuentro en la escuela de formas de conducta y de pensamiento algo
diferentes a las practicadas en casa, a sus relaciones con otros niños, sus expectativas, sus
miedos, sus responsabilidades escolares.

La diferencia entre nosotros y ellos radica entre muchos otros factores, en la forma de
gestionarlo, en la capacidad de sincerarnos, de calmarnos y en el temor a admitir la verdad.
Nosotros los adultos estamos tan acostumbrados a manipular nuestras propias verdades
haciéndonos trampas al solitario que terminamos disfrazando nuestros verdaderos estados
de ánimo a tal punto que hasta nos los creemos.

Pero nuestros cuerpos no. Ellos han dejado de creernos hace rato. Ellos conocen toda la
verdad a nivel físico. Somatizan cada gota de nuestras neuras y se vengan con nuestras
mentiras.

Los cuerpos nos delatan mediante las enfermedades

Los niños intentan vivir su vida de acuerdo a nuestras reglas y a las que la sociedad les
impone. Pero si no pueden comprender la influencia de sus propios procesos en su
organismo y en que lo quieran o no, ellos también en cierta medida son responsables por su
salud, seguiremos pasando la posta de la incomprensión por generaciones. Que si tuviera
que resumir en una palabra este proceso tan bochornoso en el que caemos a diario, esta
palabra sería negligencia.

Por qué negligencia?

Tengo un cuerpo. Es mi única propiedad verdadera desde el momento que nací hasta el
momento que muera. Es mi derecho y mi obligación saber qué pasa con él. Qué es lo que
hay dentro, qué le afecta para bien y para mal. Es mi responsabilidad cuidar de él y saber
que todo lo que suceda en él será mi responsabilidad. Entonces, si esas son las reglas: por
qué no las respeto? Si no las respeto, estaré incurriendo en un acto de negligencia, ya que
actuaré sin asumir responsabilidad.

Es cierto que hay muchos síntomas de otras patologías que necesitan un estudio más
profundo. A veces se trata de cosas que van más allá de nuestros conocimientos y nuestro
sentido común. No se puede pretender que todo lo solucione nuestra actitud y nuestro
pensamiento. Pero entender la enfermedad es básico para cualquier proceso de curación.

Mis hijos ya saben que si papá o mamá no se ponen histéricos cada vez que están enfermos
(lo cual también es muy raro….. ahora pregúntate por qué), es porque saben que el proceso
de curación comienza por ellos mismos. Por lanzar un periscopio a su interior y analizar
qué es lo que ha pasado dentro de sí mismos y que les ha puesto malitos. Allí dialogamos y
siempre vemos que hay algo, como una espina, que estaba molestando.

Y lo mejor de todo: tanto han aprendido de sí mismos que sus propias enfermedades sólo les
han servido para madurar y para crecer.

Un abrazo de padre a m-padre,

Mauricio Kruchik

Hoy, las imágenes son del banco de fotos de Kisikosas.

 

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