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Mi colgona y yo… o de cómo el porteo llegó a mi vida #postinvitados

Mi colgona y yo… o de cómo el porteo llegó a mi vida #postinvitados

Jueves de post invitados, hoy, Rocío Van der Heide.

De la segunda promoción de Asesoras Continuum, hoy nos cuenta su experiencia que es la de muchas: llegar al porteo desde los portabebés no ergonómicos.

Lo que en “el mundillo” del porteo llamamos “Colgonas” que han sido la puerta a otra manera de entender la Crianza para muchas familias.

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Por marzo de 2009 yo estaba embarazada de 37- 38 semanas y, lejos de lo habitual, tenía aún poco de lo que generalmente se compra para cuando viene un bebé. Tan sólo alguna ropita escogida con mimo, mucha lectura y concienciación, y un amor infinito por la nueva vida que estaba gestando.

En ese mes, en una revisión de rutina, la ginecóloga que me atendió decidió inducir el parto porque parecía tener poco líquido amniótico. Después de tres días terribles (eso sería para otro post) nació mi pequeña.

Su nacimiento no fue el esperado: oxitocina sintética, sedantes por las noches para cortar contracciones, finalmente un parto intervenido con ventosas, episiotomía, desgarro vaginal, mi bebé se hizo caca y tragó meconio lo que le provocó distrés respiratorio y fue trasladada en incubadora e ingresada en neonatos permaneciendo separadas durante tres largos días.

Cómo describir ese momento en que uno queda en estado de shock, de miedo, de impotencia por tanta violencia, por la separación y no tener a tu bebé contigo y a la vez impregnado de ese olor, de esas sensaciones que se mezclan y hacen explotar tu pecho, esa alegría inmensa por la vida y ese rendirse ante la magia de la naturaleza… Sin duda, indescriptible.

Mi hija estuvo dos días en neonatos separada de mi. Mi insistencia con la lactancia, mi pelea con las enfermeras para que no le dieran biberón, mi perseverancia para que me llamaran sin dejarle llorar y me dejaran darle teta permitieron que esa separación fuera menos dolorosa y prolongada.

Estando aún en el hospital una amiga vino a vernos y a conocer a Carmen y nos trajo de regalo un portabebé. Una mochila roja, muy bonita, acolchada y reforzada por todas partes, con mil broches por todo lado,… Mi mochila colgona en toda regla.

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Rocio VdH con su mochila

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Cuando regresamos a casa, en ese estado aun de alegría pero también de dolor y miedo por el parto y el nacimiento vivido, en una expresión de la naturaleza humana el instinto me hacía no querer separarme de mi bebé y que mi bebé llorara cada vez que le soltaba.

Cuando se dormía y le soltaba en el carro o moisés, se despertaba inmediatamente y lloraba por volver a su hábitat. Pero además para mi resultaba placentero y tranquilizador tener a mi hija en ese sueño tranquilo sobre mi pecho. Así, si salíamos a pasear con el carro, esa colgona roja iba en la cesta porque a los 3 minutos de paseo mi bebé iba “colgada” y el carro servía para cargar cosas.

Mi colgona roja fue “soportable” mientras mi bebé era pequeña, aunque nunca resultó cómoda: había que levantar al bebé al infinito para poder meterle ahí dentro, si se dormía era imposible sacarla sin despertarla y molestarla, las piernas colgaban delante de las mías dificultando el paso,…. así fui buscando opciones, informándome y poco a poco descubriendo todo un mundo nuevo para mi que me atrapó y que, hoy, cinco años más tarde aún me tiene maravillada y enamorada.

De la colgona pasamos a las bandoleras, fulares, también una mochila, en concreto una manduca, para luego tener una ergo baby, emeibaby,… hasta la fecha que básicamente usamos una emei toodler. Cinco años después seguimos en el mundo del porteo que comenzó de la mano de mi colgona roja.

Ahora, conozco a la perfección las desventajas de un porteo no ergonómico, que no respete la fisiología del bebé y del adulto que portea. Jamás recomendaría una colgona a nadie, pero en honor a la verdad debo decir, que aquella colgona nos permitió recuperar el contacto que la violencia obstétrica nos negó. Agradezco a aquella amiga infinitamente su visita y su regalo que nos dio los más importante: El Contacto.

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emeibaby

 

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El proyecto de Rocío es Una Maternidad con Sentido, y así nos lo presenta ella:

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Estudié trabajo social y un sin fin de cursos, jornadas, talleres que fueron ampliando mi formación. Trabajé yo misma formando a otras personas. He trabajado en el ámbito de los Servicios Sociales Comunitarios en la Administración Pública atendiendo a familias. Me formé en Intervención Psicosocial y también en la Terapia Familiar Sistémica.

Sin embargo, el mayor aprendizaje de mi vida, el mayor revulsivo, la mayor crisis vital para luego crecer en todos los ámbitos de la vida, no llego hasta el año 2010 cuando nací como madre. La maternidad fue un gran stunami que vino a poner en cuestión todo lo que había sido mi vida hasta ese momento. 

De su mano me de-construí para construirme de nuevo. Leí, investigué, continué formándome de la mano de profesionales de referencia que casualmente tienes que buscar por que no te lo enseñan en la facultad: Laura Gutman, Casilda Rodrigañez, Nils Bergman, Michel Odent… En los últimos años, decidida a criar a mi hija abandoné mi trabajo y nos marchamos juntos a Ecuador donde continué mi formación en el campo de la psicología integral en Centro de Desarrollo Integral de Tumbaco.

Sumida en ese proceso de transformación y convencida que los cambios vendrán de la mano de un cambio en la forma de nacer y la crianza, me decidí a formarme como Asesora Continuum Mimos y Tetas y ahora también como asesora de lactancia Teta e Coliño.

Una maternidad con sentido por que creo que la humanidad ha perdido el sentido de lo que implica gestar, nacer, criar,… hemos perdido el sentido común para dejarnos guiar por absurdas normas que nos llevan al desapego, a la separación desde el inicio, a no confiar en nuestros cuerpos y nuestra naturaleza femenina y mamífera, a entregar a nuestros hijos a otros supuestamente “expertos” con la esperanza de que les conozcan mejor que nosotras mismas.

Una maternidad con sentido porque de repente todo vuelve al origen y todo cobra un sentido nuevo, las prioridades cambian y lo “aparentemente importante” se vuelve superfluo para dar paso a lo importante que antes pasaba desapercibido por pequeño, cotidiano y vital. Una maternidad con sentido porque es lo único que nuestros hijos demandan de nosotros: tacto, olfato, vista, oído, gusto y ese sexto sentido sin definición ni nombre pero que se hace fino y agudo cuando somos madres para anticiparnos incluso a su llanto. Para acompañarte en ese proceso nace Una Maternidad Con Sentido.

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Puedes seguir a Rocío en su blog, Una Maternidad con sentido, y contactar con ella en su mail maternidadconsentido@gmail.com.

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