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Reciclando aceite, el jabón de la abuela.

Cada día tenemos más acceso a la información y, por tanto, cada vez más personas saben que el aceite que tiramos por el desagüe contamina muchísimo. Lo que no es tan fácil averiguar es cuánto contamina “de verdad”, es decir, cuántos litros de agua contamina un litro de aceite. Realmente, en un Planeta en el que un millón y medio de niños mueren anualmente de sed (sin contar los que mueren por falta de condiciones adecuadas de higiene que facilitarían un agua limpia y al alcance) es de extrema necesidad que evitemos el mal uso y contaminación de nuestros recursos naturales. ¿Qué crees, que el aceite que tú tiras al desagüe contamina menos que el que tira la gran empresa “de al lado”? Pues no, contamina igual, sólo que tú tiras menos cantidad. Así que, sin dejar de exigir que los Gobiernos y Empresas sean responsables, seámoslo nosotros también, individualmente. Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.

Ideas para evitar tirar este aceite al desagüe tenéis aquí. Yo hoy os quiero contar la que me parece más útil y divertida: hacer jabón 😀  El jabón resultante de reciclar aceite no es válido para uso cosmético (bueno, si te lavas las manos con él no pasa nada, pero no es lo ideal), pero es PERFECTO para lavar la ropa (con excepciones, que luego os cuento), para fregar, para limpiar la casa… Si lo combináis con las nueces de lavado , tendréis productos de limpieza baratos, efectivos, biodegradables y, lo más importante, respetuosos con nosotros mismos.

Las excepciones que os comento acerca de su uso para la ropa son mis queridos pañales de tela 😉 Los aceites, que gracias a la sosa se saponifican convirtiéndose en jabón, tienen ácidos grasos insaponificables, es decir, que por mucha sosa que les pongamos nunca saponificarán (por eso los jabones artesanales son tan ricos e hidratantes, por los ácidos insaponificables de los aceites que hay en su composición, entre otras cosas, claro). Así que el jabón mantiene siempre esos ácidos grasos. Para la ropa normal no afecta, se queda límpísima y huele requetebien mmm. Pero los pañales necesitan tener gran absorbencia (si usas compresas de tela o discos de lactancia de tela ocurre igual) y gran capacidad de “soltar” los residuos, para que no tengan olores y para que sean realmente útil (¿¿quién quiere un pañal que no absorba??). Total, que esos ácidos grasos se van quedando en las fibras del tejido y saturándolos, lo que hace que dejen de absorber y que retengan olores. Se podría solventar aclarando muchísimo, pero entonces ¿dónde está el beneficio ecológico y económico?

A lo que vamos, el jabón de aceite reciclado. Os confieso que a mí todo el tema de la sosa me daba miedito. Había leído mucho al respecto pero oye, no encontraba a nadie en mi entorno que me enseñara en vivo y en directo. Así que tiré de Google, je, je. Y encontré a la gran jabonera Marina (nombre internético, se llama Maribel). Y como también me está picando el gusanillo del jabón cosmético artesanal (aunque esa es otra historia) pues me apunté a sus talleres. Os dejo enlace a su blog, ahí publica los calendarios de talleres, recetas, información técnica… fácil, sencillo y de una manera simpática, como es ella, qué más pedir: Muchaespumita. Allí que me fuí y, oye, es muy muy fácil. Como no todos tenemos a Marina a mano, pues me he permitido el lujo de preparar un tutorial, espero que os sea de utilidad. La receta es la de Marina, y la manera de hacerla también, claro. Yo sólo he añadido las fotos. De todos modos, si estáis en Madrid, ella hace demostraciones periódicas de reciclar aceite para jabón, en la C/Donoso Cortés.

Es muy muy importante seguir las medidas de seguridad: gafas de protección (yo no tenía así que usé las de la piscina… ejem, ahora ya he conseguido unas más a propósito), guantes (las quemaduras químicas de la sosa son muy dolorosas, ya lo decía Brad Pitt en “El Club de la lucha”) y mascarilla (especialmente si eres sensible a los olores fuertes o tienes problemas respiratorios). Vinagre a mano (botella abierta cerca) no es mala idea, para una quemadura en sí mejor dejar correr agua fresquita, pero si te salpica un poco en una zona no protegida, o sobre el menaje-encimera-lo que sea de tu cocina, pues un chorreón de vinagre neutraliza la sosa. Otra precaución importante es no usar objetos metálicos, salvo que estemos muy seguros de que se trata de acero inoxidable: la sosa reacciona con muchísimos metales provocando gases tóxicos.

Pues pasando a la acción, lo primero es tener todos los ingredientes y utensilios listos. El aceite es el que vamos guardando de frituras, yo lo que hago es que lo paso por un colador para quitar restos gordos y, antes de embotellarlo, lo paso por un filtro de café para guardarlo bien limpio.

De ingredientes necesitamos el aceite medido, el agua medida y la sosa, yo además le puse un chorreón de lavavajillas y un puñado de sal, pero no es necesario . De utensilios, pues los de protección, una batidora, los moldes (los bricks valen porque, aunque aunque llevan algo de metal en su interior, está recubierto de una capa plástica que lo protege), un cacharro para pesar la sosa, uno suficientemente grande para preparar la mezcla de agua y sosa y otro más grande aún para la mezcla de aceite con el agua y la sosa. Esos que aguanten el calor, porque la reacción de la sosa con el agua genera calor. Las paletas tipo “lengua de gato” son muy útiles para apurar bien la mezcla. Y una cuchara para la mezcla de agua y sosa. No la uses de madera, porque la madera absorbe y luego ya no la podrías usar para otra cosa. Necesitarás, por último, una báscula digital que permita pesar gramo a gramo, para ser exactos con la sosa. En este jabón, si te pasas un poco con la sosa no es perjudicial porque no vamos a usarlo sobre la piel, dejará la colada más limpia y no estropea la lavadora ni nada, pero si nos pasamos puede ser demasiado agresivo para manipularlo, así que mejor ser precisos con la sosa.

Así, pues, pesamos bien la sosa y la añadimos poco a poco al agua (OJO, NUNCA AL REVÉS), removiendo. En este punto, la mezcla emite gases, evita respirarlos (o que lo respiren otros) y mantén la habitación bien ventilada. Yo, además, la preparo bajo la campana de la cocina puesta a tope. Cuando se disuelva bien la sosa ya está lista. CUIDADO, este líquido (llamado lejía) es muy agresivo, así que mantén a tus hijos pequeños y/o mascotas alejados cuando prepares jabón.

El siguiente paso ya es mezclar el aceite con la lejía. Como decía, en un cacharro suficientemente grande para albergar dos los líquidos que, recordemos, vamos a batir. Antes de añadir la lejía, dale un golpe con la batidora para asegurarte que no rebosa ni salpica.

Y vamos volcando la lejía en el aceite mientras batimos, no hay que tener más cuidado en este punto que evitar las salpicaduras. Verás que, conforme vamos batiendo, el aceite va cambiando de aspecto, se va volviendo blanco y espesando. Según la velocidad de la batidora, el calor que conserve la lejía y la cantidad que estés preparando este proceso tardará más o menos, pero finalmente se llega a “La Traza“. En ese punto, la mezcla está suficientemente espesa como para que el surco de la batidora o de una cuchara se mantenga unos instantes, o que las burbujas se queden “atrapadas” en la mezcla. Espero que se aprecie bien en la foto:

Puede estar un poco más espesa o menos… En este punto y justo antes de enmoldar le ponemos los aditivos. En mi caso, le puse un poco de sal para que quedara más blanco. También le puse un chorreón de lavavajillas. Se lo puse para que resulte más desengrasante, ya que el principal uso que yo le pretendo dar es para fregar lo platos (pasas el estropajo húmedo por encima y ya, no es necesario que esté líquido). Además, si alguna vez lo uso de “refuerzo” para una lavadora evitaré que se me cargue de ácidos grasos la ecobola… (otro día hablaremos de ella).

Por último, enmoldamos, tapamos con film y abrigamos para que el proceso se termine correctamente. Tras 24 horas, podremos desenmoldar (en este caso, rompiendo el brick) y cortar las porciones con un cuchillo. Ya sólo le quedan 6 semanas de curado en un sitio ventilado y cambiándole de postura de vez en cuando para que se cure bien por todos los lados y listo.



Y, como el reciclaje, la utilidad, lo económico y la belleza no están reñidos, ahí os dejo una foto de mi jabón terminado que creo que ha quedado precioso (usé un sello de madera)

Si después de probar a hacer este jabón os pica la curiosidad jabonera, ahí os dejo un par de recetillas, de Marina, como no, para que probéis con los jabones para uso corporal…

Aprender a hacer jabón artesanal

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