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Tú no eres guapa, si acaso, resultona.

Tú no eres guapa, si acaso, resultona.

Eso me decía mi madre cada vez que le preguntaba al respecto. De eso hace mucho ya, pero aún puedo oirlo con claridad sin necesidad de esfuerzo: tú no eres guapa, si acaso, resultona. Así que así crecí, resultona. O no tanto, porque me acomplejaba un poco el “culo gordo”. Del que mi madre decía que “era de familia” y no había nada que hacer al respecto. En fin, “resultona” y de “culo gordo”, si además le añadimos las gafas y un pelo que no conseguía dominar…

Tampoco es que fuera la alegría de la fiesta, no lo soy hoy. Me cuesta establecer nuevas relaciones, y además soy bastante reservada. No sé si tímida, pero sí celosa de mi intimidad y de “mis cosas”.

Y así pasé mi adolescencia, pensando que no gustaba o que no encajaba. No sé muy bien, supongo que según la racha me inclinaba más por una opción o por otra. La cosa es que, bastante a posteriori, me he enterado de que gustaba a mucha gente en aquella época. No estaba yo muy perspicaz tampoco…

En la universidad, y en mi relativamente precoz independencia, me dí cuenta de muchas cosas. De que me lo pasaba mejor cuando no pensaba en lo que los demás estarían pensando de mí, de que había cosas que hacer con ese “culo gordo” mejores que taparlo y que podía ser simpática y divertida sin contar toda mi vida.

Fotografía de Rebeca López

He de reconocer que mucha confianza en mí misma me la dio el trabajo. Tenía responsabilidades que me gustaban y cumplía bien, me desenvolvía bien con la atención al público y con los compañeros, y había gente que valoraba mi trabajo, mi experiencia y mis conocimientos.

Sin embargo, ahora soy consciente, aún cargaba con ese lastre que fue el motivo de la famosa frase de mi madre. Que ser eficaz, resolutiva, eficiente, amable, simpática, etc. es suficiente, y que el físico no hay que cuidarlo porque lo que realmente importa es el interior (aunque mi madre no sale  de casa sin arreglar, eso era cosecha mía).

Y conocí a Carlos, y me casé y nació Marcos, y mientras, por mi trabajo, fui tomando cada vez más consciencia de la importancia del marketing, del aspecto y la imagen en el mundo empresarial. Y comencé De Monitos y Risas muy atenta a la importancia de la imagen corporativa, de la coherencia entre producto, servicio y marca. Y sin embargo, seguía arreglándome solo para fiestas y “eventos”. El resto del tiempo, aseada y ropa cómoda.

Elena por Rebeca de Kisikosas

¿Y por qué te cuento todo esto? Es que estaba ayer de compras, por primera vez en mucho tiempo, aprovechando que Lucas dormía y Marcos estaba con Carlos. Y pensaba en todo esto, en cómo he cambiado en ese aspecto, y en que se lo debo, en gran parte, a Nohemí. A ella y a su “Sácate partido“.

Aunque he de decir que como yo tengo la suerte de ser amiga suya el Sácate partido lo llevo recibiendo bastante tiempo, en pequeñas píldoras. Desde el “elije un fular que te siente bien” (que creo yo que fue el germen de este taller) a ayudarme a encontrar los colores que me sientan a mí bien, ha pasado cierto tiempo. Y en este tiempo, sus consejos, explicaciones y argumentos han ido calando.

Sin embargo, hasta que no vi el taller online que preparó especialmente para la formación de Asesoras Continuum no terminaron de encajar todas las piezas. A esas alturas ya había conseguido que me maquillara casi todos los días, y que cuidara mucho de estar sonriendo la mayor parte del tiempo.

Pero con el taller, hice una conexión mucho más importante que la mera imagen personal: que la primera impresión es lo único que tienes garantizado al iniciar una relación (del tipo que sea) con otra persona, y que si estoy realmente comprometida con la difusión de la Crianza ConTacto, es imprescindible que esa primera impresión sea lo mejor posible, para conseguir llegar a la mayor cantidad de gente.

Rebeca López Noval - Kisikosas

Y en todo esto pensaba mientras elegía rápidamente cinco camisetas y un vestido, sin probármelas, porque llevaba a Lucas y porque gracias al Sácate partido sé qué colores y cortes me sientan bien.  Y seguía pensando en ello mientras lo colocaba en el armario, bastante libre desde que decidí deshacerme de todas aquellas prendas que no me sentaban bien y quedarme únicamente con las que sí lo hacían.

Y la reflexión hace tiempo que va más allá: respecto a cómo criamos a nuestros hijos, los mensajes que le damos acerca de su imagen y de la de los demás, de la imagen de mí que reciben y la que yo les quiero dar. Pero esto quizás de para un post. De hecho, a Nohemi le dio para este Más que guapas cuya lectura te recomiendo fervientemente.

Mientras tanto, te dejo con esta reflexión de Nohe acerca del empoderamiento y la imagen personal, por si quieres seguir pensando acerca de todo esto:

Empoderamiento e imagen personal

Y he llenado el post de fotos mías (y sin mis peques) porque a lo mejor tenía razón mi madre al decirme que no soy guapa, pero desde luego soy preciosa. Al menos, yo me veo así, algunas personas me ven así. Y me encanta como me mira y me ve Rebeca López, y por eso hoy quiero enseñártelas.

Y tú, ¿te sacas partido?

 

 

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